
El proyecto SAKBE es un programa desarrollado por un equipo de licenciadas y un licenciado en Educación, con el firme propósito de fortalecer el seguimiento y la protección de los derechos de las personas, en especial de aquellas vinculadas a las escuelas públicas. Este programa tiene como eje central brindar apoyo, acompañamiento y escucha activa a las comunidades escolares, actuando como puente entre las instituciones educativas y las instancias gubernamentales correspondientes.
SAKBE surge como una iniciativa comprometida con la equidad educativa, buscando garantizar que las escuelas de gobierno —en particular las de la región de Akanke— cuenten de forma continua con los materiales necesarios, así como con el mantenimiento adecuado de sus instalaciones. El objetivo fundamental es que el gobierno no descuide sus obligaciones hacia las escuelas públicas, asegurando condiciones dignas para el aprendizaje y el desarrollo de los estudiantes.
A través de esta propuesta, se promueve una educación más justa, donde las voces de los docentes, alumnos y padres de familia sean escuchadas, respetadas y tomadas en cuenta en los procesos de mejora educativa.
Durante la pandemia, realicé un curso de verano con una duración total de un mes, pensado para brindar a los niños un espacio seguro, divertido y educativo en medio de una situación tan complicada como lo fue el confinamiento.

La organización del curso fue por edades y días específicos, con el fin de evitar aglomeraciones y ofrecer una atención más personalizada.
Los lunes, miércoles y viernes trabajé con niños de 3 a 4 años en horario matutino. Cada día preparaba actividades distintas, mezclando el juego con ejercicios de aprendizaje. Mi objetivo era que los niños pudieran refrescar su memoria y mantener el contacto con conocimientos básicos que, debido a la pandemia, muchos habían dejado de practicar. Usábamos dinámicas lúdicas, canciones, actividades sensoriales, juegos de colores, figuras y movimientos, todo adaptado a su etapa de desarrollo.
Para los niños más grandes, el curso se realizaba martes, jueves y sábados. Con ellos organizaba juegos más estructurados y también algunas tareas o retos educativos, siempre con un enfoque dinámico y entretenido. Quería que, además de divertirse, pudieran seguir reforzando hábitos de estudio y pensamiento lógico.

A pesar de las dificultades que representaba organizar actividades en ese contexto, esta experiencia fue muy gratificante para mí. Me permitió seguir en contacto con lo que más me gusta —enseñar— y también brindar un espacio de alegría y aprendizaje a los niños durante un tiempo difícil.
Cuento con mi canal de YouTube en donde he creado contenido educativo para niños, asi como tambien en conjunto con mis compañeros de licenciatura hemos creado un video clip sobre el Stop Motion.
